20 nov. 2014

Ayotzinapa

Una rosa roja se ondea en el viento de la mano de los abatidos corazones que dicen basta, un corazón sufre en la lejanía y el beso de un batallador amigo lo repone de su dolor. Es el tiempo del amor abatido recuperándose de la muerte, son las balas acallando el rugido de los bosques y la llama de las normales rurales en México. Fueron cuarenta y tres estudiantes quemados vivos por el narco estado mexicano, fue el silencio de la vida en un arrebato de la locura del dinero, fue el llanto de los padres de cada estudiante asesinado y el clamor de los allegados a la hoguera de los días de arrebol. Que ardan pues las puertas de los palacios de los verdugos, que se incineren las canciones de tanto sufrir la ira y que se arrojen hacia las tumbas, contra los tiranos. El mundo guarda el susurro y el canto de lucha de cuarenta y tres futuros dialogadores del conocimiento, las nubes se entretejen con la tierra y las raíces de los árboles, los zapatistas se estremecen, el mundo dice basta. Basta de la masacre de la canción que se abre paso desde la oscuridad portando el amor que ahora se ha vuelto ira, obstaculizado en su fluir de girasoles y caricias apacibles. Que ardan entonces los corazones de los justos y consuman al fin el reinado de la muerte y el capital en un violento abrazo de animal herido. Que reine el amor y la armonía entre los hombres que reivindican el humanismo y se entregan al mundo para salvarlo del puñal de los imperios destructivos y de sus lacayos.